Los seminaristas Javier Zaera(izqda.) y Álvaro Lombardo(dcha.), de dieciocho y veintiun años de edad, dan testimonio en este año conciliar de San Pablo, sobre los motivos y sentimientos que les han llevado a formarse para ser sacerdotes en el seminario mayor de la diócesis de Getafe, la más joven de Europa
Los hay quienes se empeñan todavía en plantear el término juventud como sinónimo de botellón, drogas, promiscuidad e irresponsabilidad. Sin embargo, a nuestro alrededor y aunque salga poco a la opinión pública, vemos que una gran parte de ese colectivo no sólo está pendiente de esas cosas sino que vive de otra forma su vida, con una alegría y optimismo especial, sabiendo que no todo es de color de rosa, pero contando con la fe como el pilar de su existencia. Para ellos es una poderosa arma que en los tiempos que corren muchos pretenden obviar. Dentro de esa juventud está Álvaro Lombardo, un chico de Alcorcón que hace unos años descubrió, recorriendo el Camino de Santiago, la senda que quería seguir en la vida. Al igual que él, Javier Zaera, de Villanueva de la Cañada, quería convertirse en sacerdote uniéndose para siempre a Dios e ingresó el pasado mes de octubre en el seminario de Getafe donde conoció a Álvaro, quien se encuentra en su segundo curso.
Lógicamente, esa trascendental decisión no se toma de la noche a la mañana y sigue un proceso que no siempre es sencillo. “Cuando uno hace la primera comunión se aleja un poco de la Iglesia, piensas que ir a misa es un rollo. En mi caso, gracias a la educación cristiana que me dieron mis padres siempre he ido a la iglesia y el ver a un sacerdote joven tan feliz, me dio que pensar. Siempre consideré que ser cura era lo peor que te podía pasar en el mundo; no puedes tener hijos, no puedes casarte, ni puedes salir de fiesta. Sin embargo, ese cura joven era el tío más feliz del mundo y yo eso no lo tenía”, afirma Javier con contundencia.
La diócesis de Getafe comenzó su andadura en octubre de 1991 y en la actualidad, cincuenta y dos seminaristas integran parte este curso 2008/2009 de los que, únicamente, siete son extranjeros. El horario en el día a día está marcado de antemano, pero es flexible. Se levantan a las seis de la mañana con la misa, acuden a la Facultad de Teología y Filosofía en Madrid y después de comer hacen deporte o duermen la siesta para terminar con un tiempo de estudio, oración y descanso, a eso de las 22.30. Cuando llega el fin de semana, Zaera y Lombardo realizan labor de pastoral en la localidad madrileña de Villaviciosa de Odón, donde dan catequesis, ayudan en las misas locales y, principalmente, dan testimonio. Finalmente, el domingo por la tarde están con sus familias hasta las nueve de la noche en que regresan a Getafe.
Jóvenes e Iglesia
Estos jóvenes no son ajenos al mundo en que vivimos y a los problemas a los que se enfrentan personas de su edad, chicos y chicas creyentes que desde su situación de laicos son importantísimos en los tiempos actuales para dar testimonio de que creer en Dios y vivir conforme a eso les llena. Tampoco están al margen de esa imagen de los jóvenes -que desgraciadamente es la que más vende- de egocentrismo, diversión total a costa de perjudicar su salud o la de sus padres y que les arroja a los vicios más oscuros para hacerles personas vacías y sin rumbo. “Nos da pena y tristeza porque llegamos a un punto en el que uno se preocupa de su propio placer, el sólo importo yo. Conozco chicos que se drogan, van a botellones y no son felices y así me lo han reconocido. Quizá porque no conocen otra cosa. Debemos hacer autocrítica y reconocer que nosotros tenemos parte de culpa por no salir a darnos a conocer, de ahí la importancia de que los propios laicos de la iglesia, con la ayuda de un sacerdote, salgan en su entorno a dar testimonio de su felicidad”, reconoce Álvaro.
Estos jóvenes no son ajenos al mundo en que vivimos y a los problemas a los que se enfrentan personas de su edad, chicos y chicas creyentes que desde su situación de laicos son importantísimos en los tiempos actuales para dar testimonio de que creer en Dios y vivir conforme a eso les llena. Tampoco están al margen de esa imagen de los jóvenes -que desgraciadamente es la que más vende- de egocentrismo, diversión total a costa de perjudicar su salud o la de sus padres y que les arroja a los vicios más oscuros para hacerles personas vacías y sin rumbo. “Nos da pena y tristeza porque llegamos a un punto en el que uno se preocupa de su propio placer, el sólo importo yo. Conozco chicos que se drogan, van a botellones y no son felices y así me lo han reconocido. Quizá porque no conocen otra cosa. Debemos hacer autocrítica y reconocer que nosotros tenemos parte de culpa por no salir a darnos a conocer, de ahí la importancia de que los propios laicos de la iglesia, con la ayuda de un sacerdote, salgan en su entorno a dar testimonio de su felicidad”, reconoce Álvaro.
Como dice el Evangelio de San Lucas, “La mies es abundante y los obreros pocos”, Javier y Álvaro son conscientes de esa realidad, por eso el mañana “está en manos de Dios”. Su futuro es el presente más inmediato. “Dentro de quince años igual estamos de misiones en China, o somos párrocos en una iglesia de por aquí. Dios siempre sorprende y si tienes pensado algo para ti, Dios lo da la vuelta y te enseña el verdadero camino”, responden ambos.
Texto y primeras dos fotos: Israel Revilla Canora
No hay comentarios:
Publicar un comentario