domingo, 30 de enero de 2011

La cantante de la nostalgia, a un paso de hacer historia con su disco 1977 

Ana Tijoux, cantante de rap de origen chileno es la primer artista de ese país nominada a los premios Grammy
Acaricia las sílabas en un idilio eterno con el lenguaje español, mientras desnuda su alma con timidez en busca de su identidad, a caballo entre su Francia natal y Chile, su país de adopción. Ana Tijoux, de madre francesa y padre chileno, es una de las mejores MC (Maestro de ceremonias) del floreciente hip hop llegado de Sudamérica. Su nuevo trabajo, 1977, ha triunfado en el continente americano y ha llamado la atención de personajes tan relevantes del mundo musical del Viejo Continente como el cantante de Radiohead, Thom Yorke, quien recomendó su sencillo 1977. Ahora, gracias a ella, Chile estará por primera vez presente en los premios Grammy, que se entregarán el próximo 13 de febrero, gracias a la nominación de su disco “1977” en la categoría Mejor Álbum Latino Rock, Música Alternativa o Urbana.


Cercana, dicharachera, profunda y, sobre todo, nostálgica. Así se mostró la cantante en una entrevista que concedió a este blog, durante la promoción en España del nuevo trabajo, al que define como “nostálgico”; a esto, lógicamente ayuda el título, 1977, año en que nació la cantante. “Me interesa el tema de la nostalgia, es un terreno muy fértil para mí. Me permite buscar emociones y conocerme desde distintas perspectivas, como un filtro personal. Sé que no es lo normal, pero no me asusta”, aclara Tijoux. Formado por 14 canciones plagadas de guiños al rap chileno de los 90 y de colaboraciones, algo que no tenía previsto la cantante pero que, según cuenta, “fueron apareciendo”.

La nominada ve ahora el rap desde una perspectiva diferente, su maternidad y sus 33 años hacen que viva esta corriente musical de otra forma a cómo la veía con 18 cuando “estaba más en la calle, arrimando, tomando cerveza”. Sin embargo, en ella sigue latiendo esta música de una manera “más asentada pero no menos crítica, porque tienes que responder socialmente y de repente te encuentras que estas dentro del sistema, pero sientes elementos de resistencia estando en él y es también muy bonito”, insiste.

Buscando su identidad
Sus padres tuvieron que abandonar Chile por razones políticas y marcharon a Francia donde se formó, para regresar al país sudamericano a descubrir otro mundo aunque “tampoco me sentía chilena y me preguntaba ¿dónde estoy?”, reflexiona Tijoux, para quien la sensación de no pertenecer a ningún sitio es parte de ella. “Me siento identificada con Sudamérica porque viví en Chile mi adolescencia allí, pero también mi corazón es francés porque allí pude formarme y tener una visión distinta de Sudamérica. Soy una fusión total”, concluye. Esa mezcla espiritual aliñada con un toque de rebeldía, que plasmaba es el arte de escribir, hizo que bebiera del hip hop, aunque reconoce que no es ella no es música. “Sé qué me gusta y qué no. Es una cuestión de oído. Mi camino es muy autodidacta, por eso me atrajo el hip hop”, cuenta.


Con esa anarquía musical y su facilidad para la pluma, la francochilena se inspira en “las buenas conversaciones”, a diferencia de otras compositores que necesitan estar solos para crear, ella necesita hablar “porque da humanidad a este planeta y descubres un universo”, hasta el punto de que se define como un “ladrona de temáticas” que luego desarrolla en sus canciones. Precisamente, esa faceta literaria es lo que ha llevado a Ana Tijoux a recibir un aluvión de elogios de publicaciones especializadas de diversos países. “Es bonito pero socialmente es una mierda porque es presión y hay muchas expectativas. Me doy cuenta de que te arman un personaje y me genera incertidumbre de cara al próximo disco. No soy literata, soy sólo rapera, un ser humano con muchas preguntas”, aclara. Como rapera cree que hay futuro en el hip hop y afirma que “lo bonito es que no se sabe hacia dónde va porque si se supiera perdería ese sentido medio anarco y autodidacta que es su energía”.

Ella es parte de ese futuro, un tiempo que nacerá de la pequeña revolución musical que vive Sudamérica, que se cimienta en un pasado de insurrecciones políticas y sociales, que hoy en día continúan de una manera más sutil, y que hace sentirse a Ana Tijoux “sudaca” y “lucirlo con orgullo” en este, esperemos, premiado y alabado disco “1977”.






















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