Crepúsculo, renace la pasión por los vampirosLa escritora norteamericana Stephenie Meyer, como ya lo hiciera J. K. Rowling con Harry Potter, ha vuelto a lograr que miles de jovenes y los que no lo son tanto, disfruten del placer de leer y se sientan atraídos por la historia del vampiro Edward, enamorado de una mortal, Bella
Me refiero a la saga vampírica compuesta por cuatro libros: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer. Los que no conociamos esta serie de novelas, el estreno de la película el pasado mes de diciembre, nos ha dado la oportunidad de vivir lo que probablemente sea la historia de amor "interracial" (por decirlo de alguna manera) entre adolescentes más intensa de los últimos años. Es un relato de vampiros, pero sobre todo, una historia de amor y emoción, de locura y pasión, y es también la siempre repetida lucha del bien y del mal. Edward ama a Bella con locura, con una ardiente pasión que enciende en él su sed de sangre. Sabe que la ama, pero al mismo tiempo, desconoce si podrá controlar sus instintos más perversos cuando está con ella.
Creo que la novela gusta porque, una vez más, nos demuestra que el amor todo lo puede. Incluso cuando se trata de vampiros. Edward, (que en realidad nació en 1901 aunque aparente 17 años), afronta una dura lucha entre su lado más humano, que aflora gracias al amor que siente y su lado vampiro, atrapando al lector con frases como “¿Les has dicho a alguien que hoy pasaras el día conmigo? Es que quiero tener algún incentivo para traerte de vuelta” , nos hiela la sangre y, a la vez, nos sentimos contagiados por la fuerte atracción que experimenta la protagonista (creo que a todas nos hubiera encantado haber conocido a un Edward Cullen en el instituto). ¿Quién no desearía un novio siempre pendiente de ti, siempre atento, salvándote de cualquier peligro y entregado con esa pasión y dulzura? Y además guapo.
Para más inri, los Cullen representan mejor que nadie la ética y los valores humanos por desgracia tan olvidados hoy en día. El padre, Carlisle, es un cirujano de primera que prefiere vivir en un modesto pueblo como es Forks cuando podría vivir lujosamente en cualquier otro lugar. Los hijos se comportan de manera intachable, tanto en la escuela como fuera de ella. Todos ellos han tenido que superar su deseo de sangre humana y sustituirla por la de animales, ya que como afirma Edward “no quiero ser un mostruo”, aún con todo, eligen zonas superpobladas para sus “cacerías” para no “causar un impacto medioambiental desfavorable”. Una vez más hasta los vampiros dan ejemplo.
Stephenie Meyer, un ama de casa que vive con su marido y sus tres hijos en Phoenix (Arizona), explica en su web como la historia le vino a la mente mientras dormía y, al despertar, no se la podía quitar de la cabeza (será que la soñó por aquello de que los vampiros salen de noche). Meyer es, por supuesto, una fan del Drácula de Bram Stoker; pero también es una apasionada de las novelas de Jane Austin y Emilie Brontë, como Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad o Cumbres Borrascosas (a quien cita varias veces en el libro), y ha sabido conjugar con gran acierto una moderna versión del mito del vampiro adaptándolo a nuestra realidad social. Crepúsculo ha creado un fenómeno y ha lanzado a la fama a sus protagonistas (sobre todo Robert Pattinson quien ya intervino en Harry Potter y hoy convertido en nuevo ídolo juvenil). La primera película ha sido un éxito en taquilla y en marzo comienza el rodaje de la segunda, Luna Nueva, que esperaremos con ansia su estreno previsto para noviembre de 2009.
Creo que la novela gusta porque, una vez más, nos demuestra que el amor todo lo puede. Incluso cuando se trata de vampiros. Edward, (que en realidad nació en 1901 aunque aparente 17 años), afronta una dura lucha entre su lado más humano, que aflora gracias al amor que siente y su lado vampiro, atrapando al lector con frases como “¿Les has dicho a alguien que hoy pasaras el día conmigo? Es que quiero tener algún incentivo para traerte de vuelta” , nos hiela la sangre y, a la vez, nos sentimos contagiados por la fuerte atracción que experimenta la protagonista (creo que a todas nos hubiera encantado haber conocido a un Edward Cullen en el instituto). ¿Quién no desearía un novio siempre pendiente de ti, siempre atento, salvándote de cualquier peligro y entregado con esa pasión y dulzura? Y además guapo.
Para más inri, los Cullen representan mejor que nadie la ética y los valores humanos por desgracia tan olvidados hoy en día. El padre, Carlisle, es un cirujano de primera que prefiere vivir en un modesto pueblo como es Forks cuando podría vivir lujosamente en cualquier otro lugar. Los hijos se comportan de manera intachable, tanto en la escuela como fuera de ella. Todos ellos han tenido que superar su deseo de sangre humana y sustituirla por la de animales, ya que como afirma Edward “no quiero ser un mostruo”, aún con todo, eligen zonas superpobladas para sus “cacerías” para no “causar un impacto medioambiental desfavorable”. Una vez más hasta los vampiros dan ejemplo.
Stephenie Meyer, un ama de casa que vive con su marido y sus tres hijos en Phoenix (Arizona), explica en su web como la historia le vino a la mente mientras dormía y, al despertar, no se la podía quitar de la cabeza (será que la soñó por aquello de que los vampiros salen de noche). Meyer es, por supuesto, una fan del Drácula de Bram Stoker; pero también es una apasionada de las novelas de Jane Austin y Emilie Brontë, como Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad o Cumbres Borrascosas (a quien cita varias veces en el libro), y ha sabido conjugar con gran acierto una moderna versión del mito del vampiro adaptándolo a nuestra realidad social. Crepúsculo ha creado un fenómeno y ha lanzado a la fama a sus protagonistas (sobre todo Robert Pattinson quien ya intervino en Harry Potter y hoy convertido en nuevo ídolo juvenil). La primera película ha sido un éxito en taquilla y en marzo comienza el rodaje de la segunda, Luna Nueva, que esperaremos con ansia su estreno previsto para noviembre de 2009.
Texto: Ana Rubio
